'/> Acostarse con cualquiera, o el sexo masturbatorio en pareja. - Gruta de Loba

Acostarse con cualquiera, o el sexo masturbatorio en pareja.

Hay personas que me suelen decir, - Si vives con deseos constantes de sexo, por qué no lo tienes con cualquiera que pase por tu lado? Yo me he hecho la misma pregunta muchas veces, ¿Por qué si no me importa un comino el tipo, por qué no me follo a cualquiera y listo?

Mi psicoanalista me dijo una vez, que yo en realidad sentía cierto odio por los hombres, y mi forma de luchar con ellos era con el sexo, pues allí ellos no tenían ninguna posibilidad de ganarme, yo con mi sexo les demostraba que quien tenía el poder era yo. ¿En qué momento pensé que mi sexo podría efectuar algún tipo de poder sobre los hombres?

Después de analizarlo, creo que me di cuenta de eso a mis cuatro años, cuando el marido de una tía aprovechó el descuido de ella para meterme su mano temblorosa entre mis panties.  Yo no entendía lo que pasaba, pero cuando mi tía se dio cuenta, se enojó mucho, y yo sólo comprendí que había pasado algo muy malo, algo que el viejo no debía hacer, que podría ser castigado, pero que estaba dispuesto a correr el riesgo con tal de meter su mano entre mi calzón de nuevo. Claro, el castigo también era para mí, era yo quien había hecho que él hiciera algo malo, y era castigada con dosis de miedo y culpa, sólo suavizadas con el rezo diario.

A los doce, ya mi cuerpo había sido tocado por diversos hombres. Yo sabía que estaba mal ¿Pero por qué era que estaba mal? Mi madre jamás pudo hablar conmigo acerca de su sexo, el mío o el de ninguna otra mujer. Yo sólo sabía que tenía entre las piernas algo sucio, algo que hacía que los hombres me buscaran, algo por lo cual mi madre había decidido no aceptar nunca un compañero, pues quería protegerme de eso que yo tenía allí. Nunca sabrá ella que sus protecciones no sirvieron de nada.

No, no sabía que era, pero a los doce yo soñaba con crecer para ser prostituta, ya jugaba a tener mi propio burdel, con algunas primas y un amiguito como único cliente. No comprendía bien, pero sabía que en la entrepierna tenía algo que los hombres deseaban, algo que me daría poder sobre ellos y como mis tías y mi madre hablaban de las prosti como algo tan malo que tenía que ver con la entrepierna, pues tenía que ser que las prostitutas sí sabían qué hacer con eso que los hombres deseaban, pasaban rico y además les pagaban. ¿Cómo no iba a querer serlo cuando fuera grande?

No voy a mentir, y decir que fue horrible. Los bebés, incluso antes de nacer pueden sentir placer en sus genitales. Somos cuerpos hechos para el placer, así que lo normal es que un cuerpo y mentes sanos, sin presiones externas, ni violencias sobre nosotros, éste emerja de forma natural. Los niños de pequeños se masturban, es un proceso natural del aprendizaje de su cuerpo y psiquis. Lo que está totalmente fuera de toda discusión es la irrupción de los adultos en ese proceso, para extraer su propio placer, eso ya es otro asunto, con el que ni siquiera puedo lidiar racionalmente, pues sólo puedo pensar en asesinarlos.

No, no tengo traumas con esos hechos, no me pongo mal cuando lo recuerdo, eso no me dañó la vida, no soy una víctima abusada, como me lo quiso hacer sentir una mujer a la que hace poco se lo conté. Yo soy la única dueña de mi deseo, de mi cuerpo, yo NO soy culpable de las violencias que se ejercieron sobre mí por parte de aquellos que se suponen deberían cuidarme en lugar de violentar mi cuerpo y mi mente. Soy una más de las millones y millones de mujeres que han tenido que sufrir abusos desde pequeñas. ¿Por qué no soy una víctima? porque yo he decidido no serlo. Yo soy la mujer inacabada, ninguno de los actos que se ejercieron contra mí pueden determinarme.

Entonces, me parece que tal vez no me voy follando todo lo que se me pase por el lado, porque sé la diferencia entre ser deseada como persona, y serlo sólo con base a mi sexo. Y bien que puedo hacer eso a los hombres, y bien que lo gozan cuando lo hago, aunque después la mayoría no entiendan cómo no los vuelvo a determinar.

Algunos me dicen: No quiero, me da temor que me uses y me tires. Y yo los comprendo, además de su consciencia que ese ha sido el papel privilegiado de los hombres, el de usar y desechar, también comprendo que hay algo, como una objetivización a la que nos somete el otro con la cual no nos solemos sentir tan a gusto. Yo sé que cuando escribo esta clase de ideas a muchas mujeres les cuesta comprenderla, generalmente son los hombres los que entienden mejor en estos casos.

Sí, la psicoanalista me ayudó a comprender que aún había algo de odio en mí hacía los hombres, ¿cómo no odiarlos? A lo largo de las historias universales y de mi vida propia me han dado suficientes elementos para ello. Comprendí que usaba el sexo como herramienta de ataque y victoria sobre sus cuerpos frágiles,  porque ningún hombre puede tener el poder sexual de una mujer empoderada en su sexualidad.

Pero ya no me sucede así, ya no me interesa demostrar nada a ningún hombre y la mayoría de los tipejos que intentan asediarme para que me los coma, son tan básicos, tan fútiles que no me generan placer y yo sólo le soy fiel a mi propio placer. Estoy en un momento de mi vida en el cual no me siento atraída por los hombres, sólo es un deseo de follar, así que por eso, aunque la mayoría del tiempo tengo un diluvio entre las piernas, aún así no me quiero comer lo primero que me pase por el lado.

Tal vez es que quiero ser seducida, en lugar de ese sexo carente de humanidad, ausente de persona, de hombre en singular. Tal vez ahora que mi sexo ha dejado de ser una especie de venganza contra los hombres como género, mi cuerpo persista en su hambre de sexo animal y en cambio mi libido-mental desee ese otro sexo, libre de amor, pero trascendental, para que no sea como en las palabras de Rosa Montero: “mal sexo, es sexo rutinario y gimnástico y mortecino, y siempre masturbatorio, aunque se juegue de a dos.” Y ya sé que para masturbarme, nada como mi vibrador, él sí sabe darme decenas de orgasmos.



Acostarse con cualquiera, o el sexo masturbatorio en pareja. Acostarse con cualquiera, o el sexo masturbatorio en pareja. Reviewed by Lilit Lobos on 1.3.14 Rating: 5

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