'/> La alquimia de la comida en la Comida. - Gruta de Loba

La alquimia de la comida en la Comida.

"Comed amigos, bebed, embriagaos de amor"
Cantar de los Cantares

Considero que el cocinar es un acto mágico, la alquimia de la vida. Aún así, detesto esa obligación cotidiana de tener que comer, pero aún con mayor intensidad aborrezco esa pena con la que cargan la mayoría de las “amas” de casa: tener que pensar todos los días qué va a ser lo que cocinarán.

Claro, hay hombres que también cocinan, pero me parece que éstos no suelen quejarse de ese destino, no sé si será porque como género son nuevos en el oficio del cocinar, o tal vez influya que por lo general estos no tienen que cocinar para una mujer que llega todas las noches del trabajo, cansada y con incipiente mal humor, ni para hijos latosos que se niegan a comer todo aquello que no salga en televisión como referente de modernidad y que suelen tragarse los alimentos en una especie de obligación mecánica.

Mi odio puede que sea justificado en la condición de mujer pre-destinada a la cocina. Por todas las veces en que tengo que escoger entre gastar el dinero en comida cotidiana o aquello que deseo. Más que una inversión, es un gasto: Gastar el dinero en algo que saldrá del cuerpo en unas pocas horas, convertido en algo tan execrable que ni se menciona.

La comida, aún la cotidiana, es tan poderosa que fecunda múltiples sensaciones en el ser humano, llegando a ser una herramienta de control: político, cultural, económico, hasta de seducción. La comida como acto mágico, no limita su nigromancia a aquellos elementos vegetales o cárnicos tomados de la naturaleza para su preparación como objeto digestivo. Tal poder tiene que nos convierte en objetos, en animales, en la misma comida. Transforma un simple humano en un ser mágico: comensal que es a la vez devorado.

En varias ocasiones la magia de la comida, en estos casos la magia negra de la comida, me ha hechizado, y me ha llevado a ser la doncella del sacrificio. Me refiero a esas veces que aquellos hombres a los que mi libido no les dirigiría más que una mirada de conmiseración, lograron meterme en sus camas, o cuando menos mi sexo en sus bocas. Eran hombres agradables, con los cuales alguna conversación medianamente interesante logré tener. Pero fue aquello que me cocinaron, o ese restaurante maravilloso al que me llevaron, lo que hizo posible la hechicería: mi cuerpo hecho comida lúbrica en sus bocas.

Sé que no soy la única mujer en la que se produce la hechicería de la comida. Por eso comparto algunos consejos que doy a mis amigos: Regálele chocolates, los chocolates químicamente son Cupido, no importa que ella sea de esas tragadas por el capitalismo que no les permite comerlos. Igual haga el intento, así no los coma, el aspecto visual del detalle cuenta. En vez de una rosa, podría regalarle una manzana, o mejor, ser más sugestivo y darle el banano. Todo depende del contexto y la actitud con el que se lo regale.

Llévela a un buen restaurante, donde el ambiente sea agradable. No la acose para que coma bastante, hay mujeres que después con el estómago muy lleno ya no se sienten cómodas para Comer, menos aún con él vacío. Pero aún mejor que llevarla al restaurante es que usted cocine, con ella en la cocina, juegue con ella mientras lo hace, desobedezca eso de que no se debe jugar con la Comida.

Aquello que comemos influye en nuestros aromas y sabores corporales. Cate el sabor de su propio semen, de sus líquidos vulvares ¿Cómo darle a comer a otro algo que uno no ha probado antes? El semen se ve influenciado por lo que se come, y en el caso de la mujer la falta, o exceso de limpieza tipo propagandas de televisión, son contraproducentes, pues cada cuerpo tiene aroma y sabor propio. Hasta creo que ese exceso de limpieza es una forma más de las antiguas medidas que se han tomado, bajo la idea de lo sucio y peligroso del sexo de la mujer. Disfrazarlo con: cosméticos vaginales, protectores con aroma, lavados internos, aceites sexuales de sabores etc. cambian esa sazón única, y convierte ese fogón vulvar en una vagina más de comercial, como esas comidas sintéticas que siempre saben a lo mismo, en cualquier restaurante del mundo.

Cuando el comensal Come un sexo, éste ha de saber y oler a sexo. Si se quiere sabor a fresas, chocolates u otras chucherías, pues se comen esas chucherías. Aunque claro, tal vez necesite esos saborizantes externos si se tiene paladar de gamín con gripa y por ello todo sabe a lo mismo.

Durante la Comida, Cómasela toda, no aparte presas. Métale lengua, nariz, dedo, diente. Disfrútela como si esa fuera la última comida de su vida. Con la intensidad del postre después de la cena, o de la bestia que lleva días sin comer. Devórela, tráguesela, hártese de ella, que al final la necesidad de su blanco vomitar, sólo quede como una posibilidad más de devolverle lo que de ella ha engullido. Esa alquimia de la comida al momento de Comer, es un deleite al que todos tenemos derecho, hasta alcanzar esa trascendencia donde pasamos de los comerciales chocolaticos, a probar con otros alimentos menos popularizados, de esos que hacemos en casa, con el propio sudor al calor de los fogones.

Me despido con un recuerdo, la última comida que hice para mi amado. Mi Lobo llegó a casa, lo recibí con un plato horrible de sopa, sintiéndome miserable, porque nuevamente la cocina me confirmaba que soy una mujer que come, no una que cocina. Mi Lobo me mira y me dice-“Yo no me casé contigo para que me cocinaras, me casé contigo para que me comieras.”- Entonces lo devoré.
¡Buen provecho!




La alquimia de la comida en la Comida. La alquimia de la comida en la Comida. Reviewed by Lilit Lobos on 18.3.14 Rating: 5

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