Una Cachaquita champetera

San Basilio de Palenque es un pueblo ubicado a una hora de Cartagena, Colombia. Tuve la maravillosa oportunidad de conocerlo hace un trío de años, cuando hacía trabajo de campo para el curso de métodos y técnicas etnográficas de la universidad, en mi intento de formarme como antropóloga profesional. Mi profesor de curso me había insistido para que eligiera el tema de la champeta, pero yo en mi terquedad, elegí la literatura, porque eso de la champeta no me atraía, apenas había oído un par de canciones y no me llamaba la atención.

 A Palenque fui como una estudiante más de antropología, intentando hacer una investigación acerca de la literatura, pero resulté fue investigándome a mí misma a través de los ojos de los otros, mirada que siempre estuvo mediada por la música y el baile. Comparto una de mis anécdotas en Palenque, de cómo me enamoré de la Champeta.

Una de esas noches estaba en el picó del Conde, uno de esos lugares para bailar con unos bafles gigantes y coloridos. Estaba con un compañero de curso, y comienza insistentemente a invitarme a bailar champeta un palenquero. Pensé que era mejor que no, pues ese baile es demasiado pegado y yo no tenía idea de cómo bailarlo, así que como estudiante haciendo investigación en campo no me parecía apropiado. Le coloqué todo tipo de excusas, hasta cogí a mi compañero de la mano y le dije que no podía, puesto que estaba con mi marido y que él se molestaría. 

Aquel hombre insistió tanto, hasta que yo acepté al percatarme que su estatura era demasiado alta con respecto a la mía, pensé que no podría nivelar su centro pélvico con el mío, excluyendo así a nuestro baile del erotismo exacerbado de la champeta, no propio para una mujer que tiene que dejar claro que está haciendo un trabajo científico, una observación del otro donde se difumina el que mira de lo mirado. Pensé entonces que la gran estatura de mi futuro compañero de baile me libraría de ser catalogada como una especie de descendiente antropológica de Margaret Mead y su facilidad para encontrar amantes entre sus sujetos de estudio.

Acepté bailar con él, y ¡oh sorpresa!, aquel hombre que tenía casi el doble de mi estatura, abrió sus piernas rodeando las mías, sujetándome por la cintura y doblando sus rodillas hasta que su centro pélvico cazó perfecto con el mío. Entonces comienza a menearse, a restregarse, a excitarse y yo con todos los Ñeques* que tenía bailándome en el cuerpo, la música sofocándome las neuronas, y el olor a sudor de su cuerpo, me impidieron seguir siendo la “cachaca” estudiante de antropología que debía conservar la distancia con aquel desconocido, objeto de su estudio. Fui entonces una mujer más que bailaba con un hombre en la plaza de San Basilio de Palenque. Me dejé llevar por ese ritmo alebrestador de la champeta, y como a mitad de la canción, me susurra al oído “¿Si me siente, si me siente?” Yo sólo pude dejar ir mi cabeza hacia atrás, mientras me soltaba a carcajadas. No fui capaz de decirle que ¡sí lo sentía, y mucho!

 Al día siguiente, cuando pasé cerca de la plaza intentando pasar desapercibida, intentando que mis caderas no fueran poseídas por la música del picó, no pude evitar darme cuenta que algunos hombres me miraban, y escuché a uno de ellos casi en grito diciéndole a los demás “¡Esa es la cachaquita que sabe bailar champeta, esa es la Cachaquita Champetera!”

Eso pasó hace tanto, aún no sé cómo pude bailar, y  además tener la fortuna que aquel hombre me reconociera como una bailarina válida para él. Aún no sé bailar champeta, eso fue sólo esa noche, la magia de su cuerpo que sabe, llevando a mi cuerpo, despertándome mi sangre africana, acercándome a mis ancestros perdidos y no reconocidos en mi piel de indígena americana.

Creí que sería una noche que sólo habitaría en mi memoria, por eso aún no puedo creer lo que ese compañero de curso que estaba conmigo esa noche me contó hace poco. Estaba en Palenque, en la casa donde acostumbra quedarse, y llega el bailarín de aquella noche, invita a bailar a las mujeres con las cuales estaba mi compañero. Ellas responden con un tono entre timidez e incomodidad que no, que ellas no bailan champeta, que no les gusta. Él muy decepcionado menciona que mi amigo años antes había ido con una compañera que sí bailaba, y que lo hacía muy bien, que le había disfrutado mucho ese baile con la cachaquita, la cachaquita champetera.



Pareja champetera tradicional. 
Fotografía encontrada en internet. 


*Ñeque: bebida alcohólica a base de caña, de preparación casera, elaborada por una familia indígena en las periferias del pueblo.