'/> La señal - Gruta de Loba

La señal

Cuento



“Pronunciaré tu nombre en la última hora  
Así sabrá la muerte
Dónde encontrarme cuando llegue.”
Meira delmar.





El asesino llamó a la casa de su víctima exactamente una hora antes, era su manera de poner el sello a sus trabajos. Ella levantó rígida la bocina, -Aló… aló… ¿Felipe eres tú? Salgo ya para tu apartamento, en menos de una hora estoy allí.

En menos de una hora estaba allí, atravesando el umbral de la puerta de su hombre. Dejó las llaves en la mesita al lado de la puerta, sabiendo que sería la última vez que las usaría. Le disgustó el olor del apartamento, pero le mortificó aún más la falta de luz necesaria para reconocer los detalles de aquel nido de amor, en el que más que aves fueron una mezcla entre cerdos y gatos salvajes.

Se paró junto a la ventana, abrió las cortinas con fuerza, como si su débil cuerpo no hubiese estado hecho para correr pesadas cortinas de apartamento de hombre soltero. Se detuvo unos minutos, mirando la nada a través de ese pequeño bosque que se abría al frente, dejó la luz de la mortecina tarde le bañara la piel y le entibiara las marcas de las lágrimas asentadas en el rostro.

Entró sigilosa a la habitación, tomó del estante más cercano a la entrada, una pijama de su recién perdido amor. Regresó al agonizante sol de la ventana, ahí se desnudó y se vistió. La tela era como sentirlo a él por dentro, como a otro él tocándola toda al mismo tiempo, tocándola tan ampliamente como él mismo no había podido hacer nunca. Fue a la cama, despacio, sin perder de vista la gran ventana de la sala, al bajar para acostarse no pudo ver más aquellos árboles que se asomaban en el cerro del frente, que parecían vigilarla. Bajó lento hacia la cama, pero bajó aún más, y se acomodó debajo de ella.

Cerró los ojos, y supo que justo había pasado una hora desde que recibió la muda llamada en su apartamento, desde que supo iría por ella. Entonces se sintió inmensamente sola y se le hizo tan natural que le llegase el momento de morir. Pero quería estar cerca de Felipe, de quien había pagado para que dejara de ser esa insufrible mujer empeñada en hacer de un hombre un tonto manipulable, una loca que no comprendía que la relación animal había terminado, y con ella también la relación comercial. Enloquecida no quería comprender que a Felipe le correspondía quedarse con los negocios, era él quien los había hecho crecer. Pero ella se aferraba, buscaba miserable y viciosamente volver a mezclar los cerdos con los gatos, aquella mezcla que ella llamaba amor.

Y ahora estaba allí, rodeada del amor de Felipe hecho pijama, mirando sus zapatos al lado de la cama, y luego otro par de zapatillas deportivas que se aproximaban, sigilosamente desde la sala hasta la entrada de la habitación. Se detuvieron las zapatillas, luego un trío de balas silenciadas se compenetraban en la carne. Las zapatillas se alejaron en el mismo silencio en que entraron a escena, el mundo era un silencio de muerte eterno.

El sonido regresó en la forma de un goteo rítmico en su frente, lo supo entonces, era el momento de irse y dejar que su hombre envuelto en la cobija continuara con su sueño inquebrantable sobre la cama, libre al fin de aquella mujer que ya no le poseía.


Lilit Lobos




Imagen de Edward Hooper

La señal La señal Reviewed by Lilit Lobos on 3.6.14 Rating: 5

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