Mi Doctor Johnson

¿Cuál ha sido el mejor regalo que te han dado en la vida? ¿Un libro, un computador, una camiseta? El mejor regalo que me han dado a mí, al menos el que más múltiples veces he disfrutado, ha sido mi primer vibrador: mi Doc. Johnson, llamado así porque en la base de éste aparece esa firma, y desde entonces, aún a veces después de usarlo hay unas palabras de agradecimiento para con esa amiga.

Ya no recuerdo cómo fue ese primer encuentro con el mayor productor de placer que me he encontrado en la vida, placer sólo comparable al que me otorga la literatura y la música, todo un cóctel cuando los combino, cuando hago una orgía de estos. Dicen que la primera vez no se olvida, pero yo suelo olvidar tantas cosas… Así que perdido ese primer encuentro, les comparto el primero en que lo usé de verdad, transgrediendo mi propio placer.

A pesar de haber iniciado mi actividad sexual muchos años atrás, aún era muy reciente la pérdida del pudor ante mi cuerpo desnudo, y mi descubrimiento de su autoerotización con un objeto, pero esa tarde era la tarde, como si se tratara de una sesión romántica con el amante, preparé el lugar: velas, varitas de incienso, buena música, mi Doc. Y yo.

Esa tarde en que decidí que ya era tiempo de dejar los juegos superfluos con mi Doc. Llevar mi cuerpo más allá del mero orgasmo, traspasar el límite que obliga a detenerse porque más estimulación es insoportable, allí donde el placer inicia su transformación en desesperación y dolor, ese instante en que después de deseado el movimiento frenético como algo eterno, ese mismo movimiento se hace insufrible y el cuerpo necesita alejarse de ese sujeto productor del cosquilleo cósmico.

Allí a aquel umbral era a donde quería abalanzarme, arrojarme a ese remolino a veces oscuro, a veces luminoso, allí donde la conciencia está tan alterada que ya ni se sabe que se existe, sólo que en vez de acompañarme con un sujeto de deseo que pudiera fallarme por dejarse caer conmigo en el pozo de la inconsciencia, me acompañaba un objeto; seguro, resistente, sin pensamientos propios o eyaculación atemporal, un objeto que sólo necesitaba un buen par de pilas bien cargadas y otro par de repuesto.
Primero llegó la desnudez, luego mi Dr. Se instaló en mi entrepierna, unos pocos minutos y el primero se dejó venir…


* Imagen de Apollonia SaintClair