'/> Una paisita en Bogotá - O todas las paisas son bonitas y siliconadas. - Gruta de Loba

Una paisita en Bogotá - O todas las paisas son bonitas y siliconadas.

En mí país sufrimos de algo que llamamos regionalismo, digo sufrimos, pero creo que más bien muchas personas gozan él y sólo algunas lo sufrimos. ¿Qué es regionalismo? Algo así como que los que por azar nacieron en la misma zona geográfica que la de uno, son por ende mejores personas que los que nacieron en otras zonas. Básicamente el regionalismo de mi zona se enfoca en que los paisas son: verracos, tramadores, mentirosos, echaos pá lante, aventureros, tumbadores, culebreros, cuenteros y demás adjetivos que argumentan la supremacía paisa por encima de otras regiones del país, supremacía basada en su capacidad para sacar provecho de las situaciones de desventaja de los demás. Tales características no parecen ser vistas como algo negativo, al parecer llega a ser tal la capacidad de colonización del paisa, que personas de otras regiones se ven convencidas que la capacidad tumbadora del paisa es algo de admirar.

Ahora, ¿Qué se dice de las paisas? Básicamente que son bonitas, que son las mujeres más bonitas del país y pareciera que toda la idiosincrasia queda resumida a su belleza física. El problema es que se convierte en una estereotipación en la cual se espera sin lugar a dudas que encajemos todas y demostrarlo al salir de la ciudad madre. Hace poco pasé unas semanas en Bogotá, la ciudad capital de mi país, experiencia que me nutrió de múltiples maneras, entre ellas me sirvió para chocarme con la estereotipación de las paisas, comparto algunas observaciones, de las muchas que viví al respecto.

Me encontré allí a tres amigas paisas, y todas, en una medida u otra se sienten incómodas con la estereotipación, incomodidad que expresan desde el cambio de su acento a la hora de hablar: procurando tomar el rolo o al menos suavizar el paisa. En la forma que llevan su cabello: en vez del típico largo negro aplanchado, usan más bien corto y se pelearon con la silicona en las tetas, porque si algo se espera de la paisa, es que tenga cirugías estéticas, primordialmente tetas de silicona. Mis amigas no quieren ser llamadas “paisas”, reafirman su singularidad exigiendo al otro el ser llamadas por su nombre.

Visitar Bogotá fue la oportunidad para conocer en persona a esos contactos que había hecho por redes sociales, lo cual siempre me tensiona un poco, porque soy fotogénica y por ende la imagen de mis fotos no son fieles a mi apariencia real, y aún más me tensiono porque de una manera inconsciente se espera que cumpla con el estereotipo paisa, así que el encuentro cara a cara se me hace como si se me desnudara y al fin se me viera de verdad. Uno de esos hombres que conocería, con el cual había sentido una conexión especial de amistad, en su entusiasmo por mi pronto viaje le había contado a un amigo de mí, el amigo se hizo a la expectativa también, pero cuando vio cómo era yo, le dijo a mi amigo con un dejo de desilusión que no, que yo no era tan paisa.

En fin de semana me fui de rumba con mi amiga y su amigo, y para mí invitaron a otro chico, exagerando fue algo así como una cita a ciegas, para ambos, pero a él se le dijo que la mujer con la que saldría era de Medellín, y ya con eso pareció ser suficiente. En la discoteca estaban encantados con mi forma de bailar, y la vieron como mejor con respecto a las lugareñas, las cuales de verdad parecían entumidas por el frío con respecto a mí, pero mi forma se resumió a que yo era paisa, y ¡las paisas sí saben bailar! no a una singularidad de mi parte. Ya cuando nos subíamos a los taxis, era muy gracioso ver cómo los taxistas se comportaban amables y se reían bastante con las bobadas que yo decía, al parecer por el solo hecho de mi acento, acento que no sólo encantaba a los taxistas rolos, varios de mis contactos hombres en las redes sociales dicen sentirse atraídos por él, se les hace muy sexy.

Otro día con un chico muy joven tuve una pequeña conversación, me contó de cuando vino a Medellín a pasar unas semanas, le gustaron varias cosas, pero en realidad sólo se entusiasmó cuando me habló de las mujeres, me dijo: Es que en Medellín hay muchas mujeres, son muchísimas más que los hombres. Le dije yo que en Bogotá también, pero la diferencia es que aquí las minifaldas, los chorsitos, las blusitas estraples y de tiras, esa mostradera de piernas y tetas siliconadas era lo que lo había perturbado, y él se reía y asentía. No era que hubiese más mujeres, es que acá, por el clima y la presión que hay para que las mujeres sean atractivas, éstas salen más “arregladas”. Fue interesante ver cómo en Bogotá la cantidad de mujeres maquilladas y de almacenes de maquillaje, era muy bajo con relación a Medellín, incluso en la forma de caminar era obvio el interés por llamar la atención de  la paisa, lo que no sé, es hasta qué punto la paisa se da por enterada de esa necesidad suya por atraer las miradas, por suplir el estereotipo de que es bonita y sexy, por ser “el centro de todas las miradas”.

Con el permiso de mis amistades rolas, he de decir que Bogotá me pareció una ciudad fea, me despertó cierta clase de regionalismo del que no me creía posible, la gente me parecía de lo más repelente, fría. La ciudad gris, edificios feos, calles oscuras en las noches, entradas a los museos rodeados de indigencia, el transporte un montón de gente incivilizada… Y procurando comprender esa sensación, llegué a la conclusión que la necesidad por ser atractiva en mi ciudad, no se cierra a las mujeres, toda la ciudad se organiza en pro de ser bonita, de que el turista se sienta a gusto. Se nos da una educación cívica continua, se fomenta el sentido de pertenencia a la ciudad y se refuerza a cada momento el “buen” comportamiento con métodos conductistas, como el ejemplo del sirirí continuo en el metro diciéndole a la gente cómo manejarse y sus reglas de comportamiento específico en él. Terminé preguntándome si tal vez no era que Bogotá y sus mujeres fueran menos bonitas que Medellín y sus paisas, si no que más bien la inversión en estética y su importancia en mi ciudad es tan aberrante, que hasta con las políticas públicas eran primordial ocultar la fealdad, si no que lo digan los habitantes que sacaron de Moravia, o los de la Cruz o los que se vieron afectados por el Foro Mundial Medellín Urbano 2014.




Una paisita en Bogotá - O todas las paisas son bonitas y siliconadas. Una paisita en Bogotá - O todas las paisas son bonitas y siliconadas. Reviewed by Lilit Lobos on 13.7.14 Rating: 5

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