'/> Beso travestido de la Estrella fugaz (Final) - Gruta de Loba

Beso travestido de la Estrella fugaz (Final)

Relato 


Estrella sale y entra del lugar, pero deja clara su arenga, nadie se meterá con la pareja heterosexual, porque ella los ha acogido, incluso presenta la mujer como su amiga al dueño de la tienda y a otras ninfas, les aclara, -Es mi amiga, si se meten con ella se meten conmigo.- Deja la pareja al cuidado de Jemayá sin dar explicaciones, pero es obvio que está negociando, haciendo tratos en otras tiendas, mientras deja que la orisha se dedique a seducir a la mujer. La ninfa menea sus tetas frente a la cara de excitación sumisa de la heterosexual, no sabe hasta dónde puede tocar ese cuerpo con el que baila, ese ser fantástico que tanto tiempo se ha paseado por sus fantasías lúbricas, ese ser con tetas de silicona perfectas y pene de carne masculino. En una de esas meneadas se ha caído una de las flores de sus pezones, la mujer debe pegarla, y es como tocar una bola de hielo que quema el veto que para su sexo erigen las tetas no naturales.

El hombre quiere las tetas de carne de la mujer, sus labios de donde emergen historias fantásticas en un arrullador acento. El hombre quiere ser el macho de la mujer, penetrarla mientras a su vez él es la hembra penetrada de la ninfa. El trato está hecho, queda sellado con un beso que Estrella da en los labios primero a la mujer, luego al hombre. Pero hay que ir por el dinero hasta el cajero, una medida de seguridad, por si algo salía mal, era mejor no llevarlo. Toman un taxi amigo de Estrella, éste se la pasa narrando multitud de historias de esas guerras cotidianas que se dan en las calles oscuras de la prostitución transexual, finales de todos las clases, los normales y hasta una de final feliz: cuando llevó a una de las ninfas al apartamento del Alcalde, y de cómo le había cambiado la vida desde eso, pues se había convertido en una ninfa de talla internacional, había conseguido dinero y ahora radicada en otro país prestaba sus servicios a clientes de altas posiciones. Esa ninfa, la que había sido del Alcalde, encarnaba el sueño cumplido de las demás, había salido de una de las zonas más peligrosas de la ciudad, y cobraba para darse una vida de reina.

Fueron por el dinero, el hombre pagó el trato, volvieron a la tienda, porque allí mismo quedaba la casa de la ninfa. Se sentaron y Estrella dijo que ya volvía, pasaron quince minutos, que fueron suficientes para que el hombre recordara que hacía años había decidido dejar ese mundo atrás, y lo tomara el miedo de caer de nuevo a ese abismo del goce nunca satisfecho. Se espantó ante la seguridad que el cuerpo mágico de Estrella lo llevaría de nuevo a ese placer que no podía hallar en el cuerpo de su esposa, a no conformarse con el sabor a licor del beso, y necesitar el mismo tomarlo del vaso y luego una cosa llevara a la otra, sumado a la negativa de la mujer de participar en su fantasía, la mujer sólo quería ver, ella no quería ser tocada por un hombre común y corriente, simplemente no le apetecía. Al hombre le bastaron esos quince minutos sin la presencia de la ninfa seduciéndolo con su alegría, con su baile para decidir que había demasiado en juego, y que ganar allí, sólo sería otra forma de perder.

Estrella cobró por un trabajo que no tuvo que hacer, y cobró doble, porque el hombre en su turbación pagó casi el doble de lo que le había pedido. El hombre regresó a casa sintiéndose el héroe de sí mismo, una vez más había logrado superar el demonio de la tentación. La mujer tal vez seguiría poblando sus ensueños con seres mágicos difusos entre lo femenino y lo masculino, al fin les había tenido cerca, les había podido tocar en la intimidad de la pista de baile de un burdel. Había intercambiado sus perlas de vidrio protectoras consagradas a la divinidad por unas coloridas que la ninfa llevaba al cuello. Aunque sólo bailaron, los cuerpos se reconocieron, se tocaron, se asintieron, acreditaron las decisiones tomadas sobre el sexo que por azar les tocó. Estrella con su beso rompió el hechizo que tanta belleza hiper-femininizada había producido en la mujer, condenándole a la envidia y al miedo. Con ese beso se detuvo la mella que en el orgullo de mujer normal, ocasionaba la exuberancia mágica de las transexuales.
 Nunca desestimes el poder de un baile, menos si se sella con un beso.


Lilit Lobos









Agradecimiento especial a Mauricio Mariño por el uso de esta imagen.   

Imagen tomada de la web


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