Beso travestido de la Estrella fugaz (Cap. 2)

Crónica


El lugar es pequeño, la pareja de hetero-normales se han sentado cerca a la salida, tres televisores hay encendidos, pero la mujer sólo se fija en el de la película porno heterosexual. Ella siente que los ojos inquisidores se multiplican, se suman los de los clientes, hombres que en su apariencia no denotan la más mínima sospecha de  poseer tales gustos, hombres barbudos, mayores, gruesos, algunos parecen el típico macho camionero, como el de la canción “¿Qué me ven si manejo un camión? esa vida es mejor que cualquiera, cargo plata y mantengo a lo bien, si es mujeres tengo donde quiera … Me divierto bailando y bebiendo, si una dama me entrega su amor le digo adiós cuando este amaneciendo.” Machos que cuando entran y ven a la mujer, disimulan un primer gesto de sorpresa, casi parecen incómodos, ellos también saben que es ella una mosca en el lugar equivocado, más al rato, con la música y el licor la olvidan.

La tienda es pequeña, al fondo de la pista hay un espejo del tamaño de la pared, las chicas entran cada una con su estilo propio: saludando alegremente a siniestra y diestra, flotando en una nube, mirando con desconfianza, saludando y abrazando a las demás, mirando por encima del hombro… Cada una con su estilo. Es una explosión de hiper-feminidad que satura el espacio, haciendo que la única mujer dude en realidad de serlo, tal vez las verdaderas mujeres son esas ninfas danzantes y ella, la mujer un remedo de éstas… Ella procura sonreír, que los nervios no se noten, que ninguna de las ninfas la considere competencia, que ninguna se vaya a sentir ofendida por que las mira. De pronto una de las bailarinas mientras baila, le regala una mirada, la mujer le sonríe, y esa sonrisa es un puente que la otra construye al sonreír de vuelta.

Cuando termina la canción, la ninfa se acerca a la mesa, ofrece de su aguardiente, la mujer toma, intenta no se le note el recelo, pero toma, la invita a sentarse y le ofrece de su cerveza. Estrella se nombra, y parece que hubiera caído del cielo, a borrar con su sonrisa celeste el susto de la mujer, a iluminar el deseo del hombre. Estrella confiesa a la mujer que se le ha acercado, porque le recordó a ella misma cuando llegó allí, porque aunque todas las ninfas sean vistas como espectáculos desde el mundo de los normales, dentro de ellas también existen las miradas, las exclusiones hacia lo diferente, y bien que Estrella, la Estrella negra lo había vivido. Hablan mucho, sobre todo entre ellas, bailan, Estrella es una pantera negra que les adopta, que les promete cuidarle por esa noche, les seduce, baila con ellos y luego les presenta a la orisha que irrumpe, bajó del mar del cielo, es Jemayá, en su falda azul, con su luna en la frente, con un par de diminutas flores cubriendo los pezones, Jemayá, la protectora de Estrella, es quien la acogió cuando ésta llegó a la ciudad.

Hablan con la mujer, le cuentan historias de lupanar, pero Estrella es un alma abundante, así que comparte también historias de antes, antes del hacer parte del mercado directo, de ese que no pasa por las falsas conquistas, de ese en que todo es claro, sin máscaras obtusas que oculten las verdaderas razones para acercarse al otro, para darle eso que se parece tanto al afecto. 

¿Qué le dice? Lo que diría la mayoría: la pobreza de su familia, su convencimiento que la prostitución sería un camino como otros para conseguir dinero, que para ejercerla tenía que irse de su pueblo, para no avergonzar a su familia, porque lo único peor que ser prostituta, es hacerlo con un cuerpo que nació y se crió para ser un M.A.C.H.O, un cuerpo que se educó para tener mucho sexo, pero pagando por él: con dinero, palabras, afecto o lo que fuera, un cuerpo para vivir una sexualidad normal, no para la infamia de ser penetrado por el cuerpo de otro hombre, para llevarse a la boca el sexo de otro, de cualquier hombre que tuviera el dinero para pagar por ello, tal vilipendio la familia no soportaría vivir de cerca, así que se resignan a recibir el dinero que Estrella les manda, con la condición que no se opere, que conserve su cuerpo de hombre Negro normal, pudiendo ocultar su identidad con la ropa adecuada.


Imagen tomada de lelandbobbe.com del hermoso proyecto Half-Drag