'/> Recluida - Gruta de Loba

Recluida

Relato erótico


Fui recluida en este desolado monasterio, no recuerdo mi vida antes de llegar aquí, sólo aquella noche en que fui atrapada y luego traída a la fuerza por un grupo de hombres puritanos y agresivos que sienten hacia mí una confusión entre el odio y el temor.

Este lugar es extraño, la austeridad es palpable en la arquitectura de los muros de barro, en esa aspereza que cubre hasta la luz. Muy temprano cuando apenas salía el sol me despertó la directora, una vieja rígidamente amargada, que castiga con severa crueldad las faltas a las reglas de este claustro habitado sólo por mujeres. Mientras me mira con rencor me  asigna como guardiana a una beata que hace mucho tiempo habita estos muros, para que me instruya en el correcto comportamiento y las reglas a seguir por el resto de mi vida.

Han pasado varios amaneceres desde esa  mañana en que desperté en esta celda, desde entonces  las  noches  siempre  me  atrapan  adolorida, interrogándome ¿Quién era? ¿Quién soy?  La luna llena y este interrogatorio acechante  me  han  producido fiebre,  sumiéndome  en  un  aplastante  sueño  de extraordinarias  imágenes  que  ahora  no  puedo recordar.

Las rutinas no pueden cambiarse por mi súbita enfermedad, por tanto, al amanecer mi habitual carcelera me encamina a las duchas. Mientras  nos acercamos me siento perturbada, tengo la sensación de haber encontrado la respuesta en mi delirio nocturno, pero ahora no logro comprender.
Sin dirigirme la palabra, pues el silencio es la primera y más importante regla, me conduce a través de largos pasillos solitarios hacia los baños fuera de ese edificio. No puedo ver su rostro, su hábito  y  su  cabeza  baja  no  me  lo  permiten, sólo expone  parte  de  su  mentón, ¡Agg!  Igual  no me interesa  ver  el feo  rostro de esa torpe  que pretende  enseñarme  a  serle  su  igual, a  olvidar mi cuerpo de mujer y llevar una vida de penitencia en este asfixiante desierto que me repugna tanto como ella.

Al llegar a la ducha, creo recordar algo… ¡Sí, yo era una especie de odalisca!… Con un empujón ella me hace salir abruptamente de mis abstracciones. Hemos llegado, los baños son sólo unas cabinas de barro que por puerta tienen unas cortinas negras y roídas. Entré, me quité aquella áspera túnica que irritaba  mi  piel tanto como aquel lugar mi mente.

El contacto con el agua refrescante calma mi irritación mientras las gotas desvergonzadas me danzan por la piel. Le pido a esa mujer pasarme otra túnica, rápida alarga su  brazo tembloroso, tropieza y se le cae, en un movimiento brusco se inclina para recogerlo, su capucha se resbala y puedo encontrarme con sus expectantes ojos y en ellos al fin me veo: ninfa desnuda, hermosa y lasciva. En un instante todo se aclara, soy una diosa del erotismo, la miro a la cara, es muy bella ¿Cómo no me había fijado?

Me dirijo hacia ella, sin  palabras ofrezco mi cuerpo, el deseo comienza a renacer. Me mira extasiada y con delicadeza besa mis tobillos, lenta sube por mis piernas hasta llegar a mi cáliz sagrado, toma la ambrosía que le ofrezco, nuestra salvación. Abrazo su cabeza contra mi cuerpo y me fundo con ella ese limbo del placer.


.....

(Transcripción literal de un sueño, mi inconsciente y esas aventuras fantásticas por las que me lleva, que afortunada me siento de hermanarme con él)

Recluida Recluida Reviewed by Lilit Lobos on 23.12.14 Rating: 5

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