La máscara de Fanon

 


Mascarada
¿Cuál de todas mis máscaras soy?
¿La de barro
Arcilla
O papel?
¿La de dulce doncella
Ninfa encantadora
O medusa iracunda?
Temo ponerlas a prueba,
Buscar cuál es mi verdadera.

¿Si comienzan a quebrarse
Una a una,
De afuera hacia adentro
Cuál quedará?
Mejor no intentarlo,
Podría tal vez
Al final del retorno
Solo encontrar
Un abismo oscuro
Sin máscara ni piel."
Lilit Lobos



Leyendo a, sobre y acerca de Fanon, me queda la sensación de un eje alrededor de toda su teoría.  Desde su imagen, la efigie de la máscara aparece ante mí, como si él la tomara igual que objeto determinado, repleto del simbolismo necesario para hacer comprender su pensamiento, entonces es necesario preguntarme ¿Qué es una máscara?

Según Crumrine “se podría definir las máscaras como objetos que generan, concentran, transforman e intercambian el poder.” (1983:3) Me parece que Fanon elabora una pregunta y una crítica violenta al uso de la máscara como un elemento con el que el africano busca concentrar el poder que le da el disfrazarse de blanco. Este disfrazarse es tomado por él, como la búsqueda del negro de parecerse, de tomar los elementos culturales del blanco occidental, el pensamiento occidental con sus filosofías de desarrollo. Es por esto que en Los condenados de la tierra, el autor se despliega en acusaciones, recriminaciones y argumentaciones en contra del acomodo del pensamiento occidental en los pueblos que no lo son, procura allí mostrar el peligro que encarna para ellos mismos.

Procura explicar cómo el uso de la máscara se convierte en un arma de doble filo, pareciera seguir el delineamiento de Chevalier cuando afirma que “la  máscara tiene  algún  peligro para aquel que la lleva. Éste, por querer captar las fuerzas de otro atrayéndolas con la trampa de su máscara, puede, a su vez, ser poseído por el otro. La máscara y su portador se intervierten  uno a otro y la  fuerza vital que se condensa en la  máscara puede apoderarse de aquel que está colocado bajo su protección: el protector se convierte en amo.”  (Chevalier: 1986. 697)

El performance que elabora de sí mismo el colonizado para parecerse, para adaptarse es la máscara blanca, que protege a quien la usa de las violencias que produce el blanco, es decir, quien toma para sí mismo las teorías, las herramientas del colonizador, puede verse apoderado por esas mismas premisas con las que se protege. Tal como el que toma como filosofía el pensamiento opresor y lo ejerce sobre los demás compañeros de clase, termina siendo un esclavo más de la herramienta que usa para protegerse. Justo esa es una parte vital de la máscara, ella protege, hace pasar por algo que no se es, pero ella misma es un peligro para su portador “La fuerza  captada no se identifica  ni con la máscara, que no es más que una apariencia  del ser que representa,  ni con el portador que la  manipula sin apropiársela. La máscara es mediadora entre dos fuerzas e indiferente a quien la  llevará en esa lucha peligrosa entre el cautivo y el capturador.” (Chevalier: 1986. 697)

Esa falta de identificación es la que se denota cuando por más introyectado esté el pensamiento occidental, aun cuando las ropas, las maneras de moverse en el mundo, por más que el colonizado haya apropiado la cultura del colonizador, igual surge el momento en el que se le recuerda que esa civilización no le pertenece, una especie de objeto que lleva encima, otorgada por la conmiseración del colonizador.

Fanon hostiga por la destrucción de la máscara que no es más que la introyección del colonizador en la mente del colonizado. Propende la búsqueda de un pensamiento propio, la revisión del pensamiento colonizador y sus efectos en los pueblos. Busca una construcción de la propia historia, de un pensamiento que pueda llamarse propio. Quizás se trate de una destrucción de la máscara del pensamiento positivista, para hallar lo que hay debajo.

Posiblemente a muchos asuste la “furia” con la que denuncia Fanon, tal vez es que esos muchos no conocen del dolor y lo que este autor vivió en Argelia. Se dice de él que es visceral, adjetivo usado frecuentemente en las ciencias para descalificar el argumento del otro. Rosaldo identifica esa discusión cuando dice: “Con el uso del objetivismo como contraste, he debatido las hazañas varoniles de la devoción de Weber a la “ciencia como vocación”. Su indiferencia pasional conjunta pensamiento y sentimiento de una forma en que se realiza las fuentes legitimas de conocimiento para el análisis social, aunque también las restringe con fuerza. Los estándares dobles del científicas respecto de la disciplina  y dignidad excluyen discernimientos de fuentes de conocimiento “inferiores”, que van desde la “debilidad” de Geertz y la “depresión” de Briggs, a la “ira” de Fanon y la “ironía” de Hurston” (Rosaldo: 1991,178)


Referencias
- Chevalier, Jean. 1986. Diccionario de los símbolos. Barcelona
- Renato Rosaldo. Cultura y verdad. Nueva propuesta de análisis social. Editorial Grijalbo.1991. Colección  Los Noventa