Sombras chinescas

ver esa sombra chinesca de señora adinerada y decirle en su cara que sí pudo entrar a la universidad, a la mejor universidad de su país, sin hacer preuniversitarios, que el puntaje de su examen para poder graduarse de la universidad fue de los mejores del país. Ver cómo se descompone su rostro acostumbrado a comprarlo todo con dinero, incluso el saber.

Relato Social


Mirando preuniversitarios virtuales, le atrapó una escena que co-protagonizó hace muchos años, cuando le llevaron de visita a la casa de unos desconocidos. Dos figura chinescas, una sentada cerca a la otra.

La señora habla de sus hijos y la universidad. La joven que recién ha parido, y no ha terminado la segundaria,  entusiasmada dice que ella también quiere ir a la universidad, hacer una carrera profesional, uno de sus sueños.
La señora casi se carcajea, mientras afirma que su hija (que no ha parido nunca) sí entrará a la universidad, porque está haciendo un preuniversitario, en cambio la chica no tiene dinero para pagar un curso, así que no podrá, ni sueñe con eso, entrar a la universidad es demasiado difícil para alguien como la chica.

La joven, segundos antes repleta de sueños, ahora es una chica aplastada y las figuras chinescas se difuminan en sombras, desapareciendo.

Me pregunto si sería allí cuando la chica perdió la esperanza de ser una mujer que sabe, ya no lo recuerdo... Pasaron varios años, hasta que un día un "monstruo-come-hombres" llamado feminismo la encontró, y la devoró, limpiando de ella la resignación de madre pobre y soltera que no podía soñar con estudiar, la universidad era para gente con plata.

Mirando preuniversitarios, muchos años después, le invade un sentimiento infantil, de ver esa sombra chinesca de señora adinerada y decirle en su cara que sí pudo entrar a la universidad, a la mejor universidad de su país, sin hacer preuniversitarios, que el puntaje de su examen para poder graduarse de la universidad fue de los mejores del país. Ver cómo se descompone su rostro acostumbrado a comprarlo todo con dinero, incluso el saber.

Se deleita en su deseo infantil, hasta que la imagina recuperando el rostro, y sonríe mientras le muestra cómo su hija disfruta con los millones que gana cada mes, gracias a los vínculos sociales y económicos  que el dinero de sus padres le supieron comprar.

La tonta sonrisa de triunfo infantil de la que ahora ya ni joven es, se deshace, porque la inteligencia no le alcanzó para comprar tanto.

Lilit Lobos



*imagen sacada de: http://arbolesmojados.blogia.com/2003/111703-sombras-chinas.php