Nívea

Relato Erótico


El colectivo se detiene metros más adelante de la esquina dónde la mujer le ha puesto la mano, obligándola a dar un rápido trote para alcanzarlo, aún trotando se nota es de esas mujeres que bailan al caminar, con uno de esos ritmos en las caderas que inunda pupilas de quien sabe mirar.

Se sube de prisa, el chófer arranca de nuevo, conduce como si manejara una volquetada de piedras por una trocha. La mujer se ha quedado de pie, en el pequeño colectivo todos los asientos están ocupados. 

Lleva el bolso a la espalda, las piernas tensas afloran desde la diminuta falda, abiertas para mantener el equilibrio ante los sacudones. Extendidos los brazos, las manos aferradas al pasamanos, y a penas sostenido por los dedos el celular de donde flota un par de tentáculos-audífonos introducidos en los oídos, la penetran con melodías que se le riegan por el resto de la piel, le rozan el alma y la colocan en una posición delicada; el rostro excitado por la música y la máscara de gestos aprobados públicamente. 

Se siente observada, la gente sentada a su alrededor la mira de reojo. En el asiento frente a ella hay un hombre, por el movimiento del carro el hombre no puede evitar rozarle la pierna, y a medida que avanza el auto, solapado avanza la nariz al vientre de la mujer. Su esposa sentada al lado, vigila el instante en que el avance del atrevimiento de su marido no pueda ser excusado en el movimiento en la carretera, mientras con odio mira a la mujer de pie.

La vibración del motor sube por las piernas, la música baja por la  columna, ambos estímulos se encuentran, chocan, se mezclan, se arremolinan, danzan hasta gestar una nebulosa y emana una nívea gota que se desploma hasta reventar contra el tobillo. El rostro lascivo, bajo la delgada máscara civilizatoria, emerge, para ser absorbido a su vez por el de vergüenza ante los ojos acusadores de quienes la rodean. 

La gota ha sido el preludio, ahora hilillos claros resbalan por sus piernas, obligadas a permanecer abiertas, si las cierra caerá, tal vez justo sobre el hombre que la olfatea a su lado.




Imagen sacada de Antoinette Fleur