'/> M de tomatera - Gruta de Loba

M de tomatera

Relato Social

Tomar el cuchillo con la derecha conservadora, mientras con la izquierda revolucionaria sostienes ese pequeño recipiente de espesura roja. Insertar la punta, destajarlo con el filo, trozarlo en pequeñas formas irregulares, irreconocibles, trozos y trozos de carnocidad confundidos los unos con los otros, hechos Rastrojos, deshaciéndose perdidos en el fondo de la paila.


Ayer pasó un carro por la única carretera de mi barrio, repartiendo bolsadas y bolsadas de tomates. 

Amanece y ya es hora de hacer el desayuno. Abro la bolsa que me tocó en suerte, los tomates están pegados, algunos aún tienen tierra, apretujados contra el plástico, como sembrados en ella, negándose a ser sacados. Como la familia de don Jesús apretujada en un camión, saliendo a toda velocidad de su pueblo, después que la noche anterior el jefe de policía les había informado que la terraza de su casa era un punto estratégico para defenderse de los ataques de la guerrilla, por lo tanto tenían veinticuatro horas para desocupar la casa, o los desocupaban a ellos.

Llevo los tomates al lavadero, enjugo lo poco que queda de la tierra que les vio nacer, reviso sus marcas y entonces me doy cuenta que las gotas de agua que les escurren son iguales a los lagrimones que doña Gabriela derramó esa tarde que me contó cómo una madrugada un grupo de guerrilleros llegó a la finca en su pueblo: mataron al padre, se llevaron al hijo, enmudecieron en vida a la hija… 

Tomar el cuchillo con la derecha conservadora, mientras con la izquierda revolucionaria sostienes ese pequeño recipiente de espesura roja. Insertar la punta, destajarlo con el filo, trozarlo en pequeñas formas irregulares, irreconocibles, trozos y trozos de carnocidad confundidos los unos con los otros, hechos Rastrojos, deshaciéndose perdidos en el fondo de la paila.

Sirvo el ogao humeante sobre la arepa, y mientras veo a mis hijos felices llevarse el desayuno a la boca, recuerdo mi interpretación de esa anécdota de un tal Levisstrauss perdido en unos Tristes Trópicos*: A inicios del siglo pasado, al Sur de este continente, un grupo de hombres hijos de la codicia, además de todas las maneras que habían utilizado durante siglos para deshacerse de los habitantes originales de las tierras, tomaron de pasatiempo favorito dejar comida y ropa como regalo para éstos en los caminos poco transitados.

Los desterrados y hambrientos en sus huidas, encontraban los regalos, celebraban tanta bondad y agradecían la ayuda caída del cielo. Meses después morían, sin saber que tales dádivas habían sido contagiadas con enfermedades mortales. 


Imagen encontrada en  Masacre de la tomatera



*Levi-strauss, Claude. Tristes trópicos. Editorial Paidós Ibérica, 1997.

En línea en Tristes Trópicos

M de tomatera M de tomatera Reviewed by Lilit Lobos on 30.8.15 Rating: 5

2 comentarios:

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