Ser o no ser la otra, esa es la cuestión.

(wish Candy)

Para meterse con un hombre comprometido, lo primero que hay que tener en cuenta son las reglas básicas para ello, si las sigues es muy probable que puedas disfrutar de esa relación. Lo principal es que tengas claro que tú eres la otra: la amante, la moza, la puta y sí un hombre se metió contigo así, es porque esa es la posición para la cual te quiere. Es decir, no está buscando una relación estable para tener hijos e irse a vivir, ni que le organices su vida, ni compromiso serio, él ya tiene eso en otra parte.

Si entras a su vida siendo "la otra", has de tener claro que hay una mujer que ya tiene ciertos derechos sobre ese hombre, así que debes respetar eso y no entrometerte en el papel de ella. Así que por favor: No le dejes marcas de labial en la camisa (no, en el cierre del pantalón tampoco.) Mucho menos marcas de succión, chupetes en la piel, surcos de tus uñas en su espalda (odiaba no poder hacer eso.) Nada de llamadas fuera de horarios de oficina, mensajes de texto, correos electrónicos pornográficos, declaratorias de amor y mucho menos relatos de lo que hicieron.

Tu espacio en la vida de él, es diferente al de la "oficial", el único espacio que deberías compartir sería el cuerpo del susodicho, tal vez y hasta sus afectos, pero nada de intentar llevar tu presencia con artimañas al espacio que él decidió compartir con su "oficial". Cuando te metes con un hombre comprometido, haces una especie de contrato en el cual te comprometes a conservar tu lugar y no interferir con el de la otra mujer.

Al aceptar ser la otra has perdido derechos como: Reclamar porque él deba cumplir con compromisos familiares en vez de irse contigo de fin de semana. A llamarlo a media noche porque estás pasando por un mal momento y necesitas hablar. Sobre todo pierdes el derecho de poner a ese hombre a elegir entre la otra y tú. Imagino que ya sabes todo lo que te acabo de decir, sabes que llegamos a esas relaciones teniendo esto muy claro, pero muchas veces, nos perdemos en nuestros afectos por ese hombre y desdibujamos esos límites que al comienzo eran claros, la otra se nos convierte en una rival a la que hay que quitarle eso que era de ella pero ahora consideramos nuestro, muchas veces se nos despiertan emociones de posesión, de monogamia y olvidamos ese contrato tácito que hicimos al comienzo.

Hay algunas mujeres que han aprendido a jugar, a cumplir con su papel de amante y mantenerlo, incluso cuando es el tipo quien pierde los límites y al fin decide que su "otra" sea su "oficial". Algunas mujeres la tenemos muy clara, más nosotras también podríamos caer en ese defecto de confundir el sexo de la relación extra-oficial, con el compromiso de la relación oficial. Expongo esto, porque algunas y algunos pueden pensar que es muy fácil ser la otra, que no se corre ningún riesgo, pero los hay, y los riesgos hay que vivirlos, sólo que habría que sopesar cuándo lo valen.

En mi caso particular no soporto ser la otra, de por sí no me alcanza sexualmente un hombre, ahora menos si tengo que compartirlo. No quiero ser la otra, porque quiero poder llamarle cuando se me antoje, hacerle a su cuerpo lo que desee, quiero tener la posibilidad de enamorarme sin que se me prohíba de antemano, quiero tener el derecho a entregar y dar afecto sin que se me impongan horarios ni espacios específicos para ello. Además, ahora soy muy orgullosa para permitirle a un hombre la comodidad de tener una santa para mostrar en la familia, el trabajo y los amigos, y a mí como la Puta con la cual el único compromiso que tiene es el de tener sexo cuando el tenga tiempo.

Ilustración de Wish Candy