'/> No es una víctima, es una persona que ha pasado por un hecho victimizante - Gruta de Loba

No es una víctima, es una persona que ha pasado por un hecho victimizante

El conflicto entre el Estado y las guerrillas, la indiferencia de ambas frente a la problemática sufrida por la población civil, sumado el apoyo Estatal de forma privada al paramilitarismo, causaron que a millones de personas les fueran arrebatados sus seres amados y destrozados su mundo objetivo y simbólico.

Diatriba Social


La guerra entre el Estado colombiano y las guerrillas, su indiferencia frente a las violencias contra la población civil, sumado a su apoyo al paramilitarismo, causó daños irreparables a millones de personas. 


En el 2014 hice parte de un grupo de universitarios de las Ciencias Sociales, a los cuales se les brindó la oportunidad de conocer una asociación de víctimas del conflicto armado colombiano, y hacer un viaje al municipio de Alejandría, en el Oriente Antioqueño, con la guía de Dalia Guarnizo* integrante de dicha asociación, y natural de esa zona, quien al igual que miles de personas de ese municipio, había sido víctima de desplazamiento forzado.

“El 31 de julio de 2001 comenzó un fuerte combate entre guerrilleros y paramilitares que tuvo como escenario las montañas de la vereda La Inmaculada: se calcula que unos 200 combatientes murieron; de ellos, 45 están sepultados en una fosa común en la zona. […] El enfrentamiento duró varios días y provocó el desplazamiento de 520 personas.”  (memoria Alejandría)

El conflicto entre el Estado y las guerrillas, la indiferencia de ambas frente a la problemática sufrida por la población civil, sumado el apoyo Estatal de forma privada al paramilitarismo, causaron que a millones de personas les fueran arrebatados sus seres amados y destrozados su mundo objetivo y simbólico.

Ante las reclamaciones de las víctimas, el Estado ha tenido que responder con intentos de “reparación” a la población, entre ellos se encuentra la reparación simbólica que en parte consta de un espacio para que la víctima cuente lo que sucedió, como una forma de no permitir a la sociedad responsable los hechos y exigir su no repetición.

En la madrugada del viaje, la primera impresión que tuve a la hora de llegar al punto de encuentro, fue la de un grupo de jóvenes que salían de paseo. Ya en el bus, la sensación se hizo más notoria, cuando la lideresa comunitaria, a la entrada del pueblo, se levantó al pasillo del bus, y comenzó a señalar y narrar los asesinatos y demás actos violentos que presenció en esos días que los grupos armados se tomaron la vida de su pueblo.

En su voz, en su forma de narrar no se avistaba una tragedia, parecía alguien que repetía una historia demasiadas veces contada, ¿y el público? Estaba ocupado chismeando en voz baja con los compañeros de al lado, o incluso alzando la voz para hacerse bromas con aquellos que estaban más lejos.

Esa escena aparece ante mí, con la contundencia de los efectos nefastos de la caricaturización de la persona que ha sufrido los efectos de la violencia. La víctima incluso llega a deslindarse de su dolor, para usar su historia como una forma de llamar la atención, atención que por supuesto necesita, pero la cual no ha sido tratada de forma adecuada, y ahora sólo es una historia que aburre a un grupo de jóvenes investigadores sociales.

Desde quienes integran las Ciencias Sociales, es necesario pensarse los efectos que éstas efectúan en la población víctima. En esa conjunción entre el Estado y los investigadores sociales por las historias de vida de las víctimas de maneras abruptas, la población naturaliza su dolor volviéndolo un simple cuento para que el investigador haga su trabajo, y el investigador naturaliza también el escucharlo, se deslinda emocional y éticamente de éste, ¿No es entonces ahí que el sujeto deja de ser sujeto para ser objeto de estudio? ¿Qué medidas debería tomarse desde las ciencias sociales para evitar ello? ¿Y por qué?

Preguntar por el dolor del otro, es algo que hay que hacer con sumo cuidado, ¿En dónde queda mi ética cuando me importa más cumplir con unos objetivos académicos o laborales, por encima del desgano, el malestar e incluso el daño que pueda generar en la víctima por recordarle sus victimizaciones? 

 Y como si fuera poco, cuando a ese ser humano violentado, yo no voy a retribuirle nada por arrancarse la piel en frente mío, sólo para beneficiarme. Porque es claro que las entrevistas, fotografías y demás tomas que hacemos de los sujetos investigados, no nos brinda un resultado económico a corto plazo, pero si abona a nuestra cuenta de “prestigio” académico, que a la final suele ser lo único importante cuando te gradúas y necesitas un empleo, pues es este “prestigio”, el que suele generar lazos de reconocimiento entre colegas, lo cual lleva a la posibilidad de recomendaciones laborales e invitaciones a trabajar en proyectos que en algún momento comiencen a ser rentables económicamente.
No es este artículo un manifiesto de los daños que desde la academia se provocan a las víctimas, de serlo, ocuparía mucho más de dos páginas, es una incitación a re-pensar el papel del investigador social en la victimización de las personas, es un intento por la búsqueda de la reflexión del trabajo con víctimas del conflicto armado en Colombia, sobre todo ahora que se pondrá de moda por aquella ficción del llamado postconflito.


*los nombres aquí usados, han sido cambiados para evitar posibles revíctimizaciones de las personas nombradas.

Enlaces para contextualizar un poco la violencia y sus efectos en Alejandría

- Crisis por el retorno no opaca la esperanza en Alejandría, Antioquia
- Noticias Oriente Antioqueño
-       Memoria Alejandría
Tipos de reparación a víctimas del conflicto armado

No es una víctima, es una persona que ha pasado por un hecho victimizante No es una víctima, es una persona que ha pasado por un hecho victimizante Reviewed by Lilit Lobos on 29.5.16 Rating: 5

3 comentarios:

  1. Como persona común siempre me afecta cuando veo un hecho que genera sufrimiento. Pero tengo siempre presente que, en ocasiones, ver o tratar al otro como víctima por haber pasado por un evento traumático, lo que hace es generar una relación de dependencia que no permite desprenderse del dolor.
    La ayuda se tergiversa y se transforma en lástima, esto convierte al que sufrió un evento en un incapaz de superar el trauma: convertimos una lesión en una incapacidad (incapacidad ≠ discapacidad)
    Luego llega el momento en que se usa la investidura de "víctima" como un recurso para llamar la atención.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Concuerdo con vos Christian, creo que lo complicado sigue siendo la forma de actuar ante ello, porque muchos sectores de la población, en su intento de no tratar como víctima a la víctima, deslegitiman el daño que tales personas sufrieron, y sus consecuentes sus efectos devastadores. Muchas gracias por tu comentario Christian.

      Eliminar
    2. Esa es la otra cara de la moneda. Cuando se crea una insensibilidad y un desentendimiento hacia las personas o poblaciones que son afectados por tragedias naturales o sociales. No participar en la resolución del conflicto por creer que no nos afecta, pensar que la solución la deben buscar los afectados directos, o confundir ayuda con caridad, es una manera fácil de evasión de coresponsabilidad.
      Es complicado analizar y tratar estos temas. Hay que dejar de preocuparse y aprender a ocuparse.

      Eliminar

A los escritores nos gusta que nos escriban, gracias por dejar tu comentario.

Con tecnología de Blogger.