'/> Secarse las lágrimas y volver a jugar. - Gruta de Loba

Secarse las lágrimas y volver a jugar.

Cuando jugaba paintball milsim, casi siempre estaba al frente de mi equipo, en la punta, donde el intercambio de disparos es más fuerte. En una ocasión no alcancé a ver a un oponente y éste me disparó. Mi equipo contaba con mi posición. Me sentí frustrada, esta voz que me grita siempre dentro llegó con todos sus altavoces a acusar que una vez más y como algo cotidiano, nuevamente fallaba. ¿Le fallaba a quién? No lo sé, pero fallaba.

La voz me ensordecía, no se podía confiar en mí, siempre encontraba la forma de fallar. No importaba cuántos consejos, cuantos entrenamientos me hubiesen dado mis compañeros; siempre fallaba y las veces que no lo había hecho o en que incluso mi desempeño había dirimido el final del juego a nuestro favor, la voz me convencía había sido mala suerte de mi oponente, jamás la victoria como fruto de mi esfuerzo y tenacidad.

Y allí estaba yo, contra una trinchera aterida de sus gritos, encorvada llorando, resguardada bajo la careta que esta vez en lugar de cumplir con su habitual oficio de proteger de los impactos, me protegía de ser vista por alguno de los hombres con los que jugaban y llegaran a ver que en realidad era una pequeña mujercita herida llorando.

Traté de calmarme, decirle a mi Arpía que era suficiente, ese no era el lugar para llevarme al llanto, ¿Qué iban a pensar de mí esos hombres imbuidos en su papel de soldados jugando a la guerra? Allí estaba representando a las mujeres ¿Y lo hacía llorando como nena desamparada?

Pensarían que no aguantaba con un simple impacto. No importaba que hubiera sabido soportar mejor que muchos hombres decenas de impactos, ellos dirían eso de mí y abonaría a la creencia que las mujeres somos débiles, que no podemos estar a la altura en sus juegos de chicos.

El llanto no se iba y yo debía cumplir con mi compromiso, ya había comenzado a jugar, tenía que seguir, nada de salir huyendo del campo de juego, total ¿De qué me serviría huir? A donde quiera que fuera me llevaría a mí misma.

Terminó ese juego y llegó el momento de reunirnos en la base. Aunque intenté disimular el llanto, mi capitán se dio cuenta de mi malestar, se acercó, preguntó si estaba herida o me quería salir… Y me abrazó. Los demás no me abrazaron, pero estuvieron alertas, pacientes me dieron su apoyo sin decir nada. Entonces me permití dejarme llevar por el llanto un momento, tal vez  fue medio minuto, pero se sintió largo, lo suficiente para darme cuenta que no tenía que demostrar nada ante esos hombre, ya ellos sabían qué clase de mujer, de jugadora era yo, y entendían que estaba pasando por un mal momento. Supe que si me salía del juego me entenderían, pero que querían que yo estuviera allí, a su lado, empeñada en conseguir con ellos la victoria.

Entonces me sequé las lágrimas. Es cierto que soy una chica con depresión y otras dolencias, pero esta mujer está rodeada de compañeros que intentan entenderlo. Soy una mujer a la que ninguna de sus tormentas interiores ha derrocado, así que ha comenzar un nuevo juego.





A mi querido S.A.R.T.
Gracias por lo que fue jugar a su lado, 
por haber sido mis hermanos durante meses.




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Hace tiempo mi camino se alejó del paintball. Aunque nunca fui muy buena jugando, siempre daba todo de mí y más. Tal vez vivir se trate de eso: de seguirlo intentando, como en el paintball; no importa que ahora te impacten y te arda como mil rayos, busca otro juego e intenta otra vez.





Secarse las lágrimas y volver a jugar. Secarse las lágrimas y volver a jugar. Reviewed by Lilit Lobos on 13.8.17 Rating: 5

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